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¿Estás preparado para expresar con libertad, tus creencias, pensamientos y opiniones y crees que puedes ejercerlo con verdaderas garantías en esta sociedad o por el contrario últimamente sientes que solo puedes decir aquello que no se desvía de la norma y que sigue la hoja de ruta de lo políticamente correcto?

Si vives en esta sociedad occidental postmoderna y eres como el 90% de la población te apuesto lo que quieras a que diariamente caes en los convencionalismos y en la dictadura de lo políticamente correcto.

 

Cuando digo dictadura lo hago a conciencia, prueba a ser honesto, crítico, a ofender con argumentos razonables la supuesta moral pública y verás como saldrán como lobos a censurarte, exigirán que te retractes y poco más o menos que te quemarán ante la opinión pública.

El populismo y un puritanismo cada vez más alarmante se han hecho con el lenguaje de los medios de comunicación, las universidades, los discursos políticos y los nuevos movimientos evangelistas sociales radicales que poco a poco se apropian de la calle.

¿Dónde queda la libertad de expresión?

Solo eres libre para decir aquello que conviene a la corriente política, a la agenda de ciertos grupos sociales y a la paranoia colectiva se está instalando hoy en día en la sociedad.

El problema es que este tipo de ideas y formas de pensar que circulan por ahí poco o nada tienen que ver con la realidad y están condenadas al fracaso.

Aunque en apariencia ganan el aplauso fácil forman parte de un discurso vacío, una moral hueca que propugna valores universales de difícil realización como son la justicia, la verdad, etc y lo que es peor un modelo del mundo que no ayuda a casi nadie y que solo sirve a los intereses de unos pocos.

Los pocos que se atreven a levantar la voz y decir lo que verdaderamente piensan son acusados de fascistas, homófobos, racistas, machistas, opresores o cualquier etiqueta con la cual hoy en día cualquier reputación queda en entredicho aun cuando esa etiqueta no sea real ni se ajuste a la identidad del individuo.

Aún así cada vez hay más ejemplos de que la gente que se atreve a decir lo que verdaderamente piensa está empezando a conectar con la gente que también piensa igual pero que no se atreve a levantar la voz.

La voz del pueblo empieza a ser aquella gente que va en contra las ideas mainstream que circulan por los periódicos y las tv de medio mundo y es triste reconocerlo pero la mayoría de los medios se han vendido a “lo políticamente correcto” y no existe pluralidad.

El fenómeno más representativo de este caso ha sido la llegada al poder de Donald Trump.

Un tipo que nunca habría llegado a ser presidente de EEUU si no fuera por el discurso contradictorio y políticamente correcto del partido demócrata y que con un discurso honesto, contundente y radical consiguió ganar los afectos de una gran mayoría del pueblo americano.

La honestidad radical le ha ganado la batalla y le seguirá ganando batallas a la dictadura de lo políticamente correcto, tan de moda entre las izquierdas progresistas actuales.

Ser honesto significa reconocer que hay cosas que están mal, saber que el ser humano es egoísta e interesado e integrar dentro de uno lo que el psicólogo Carl Gustav Jung denominó “sombra”, que es esa parte inconsciente e irracional que muchas veces pretendemos reprimir y cuya represión solo conduce a un desdoblamiento de la personalidad gravemente perjudicial para el individuo.

Es como aquel cuento del vestido del emperador en el cual su majestad salía desnudo y todos alababan un supuesto magnífico vestido que llevaba puesto cuando nadie lo veía y solo él pretendía verlo.

El problema es que hay mucha gente que empieza a ver el vestido del emperador y saltarán como enajenados cuando les digas que el emperador está desnudo.

Recibirás críticas, insultos e incluso agresiones de estos nuevos puritanos del siglo XXI pero tu salud mental exige tu integridad, exige que tus palabras estén en consonancia con tus pensamientos e ideas y la libertad de expresión te provee de ese derecho; ejércelo a costa de lo más preciado que tienes como individuo que es tu libertad.

Ofenderás a muchos pero es que la realidad es dura y ofende, a nadie le gusta reconocer que vive en el error y en una realidad paralela pero la felicidad y el éxito en tu vida depende de ser consciente de la realidad y de tu adaptación a ella, aunque no te guste.

Pregúntate siempre, a quién interesa aquello que se dice y sobre todo examina la coherencia de los individuos que utilizan el discurso de lo políticamente correcto para dominar a las masas, la falta de congruencia entre sus hechos y sus palabras los harán fallar una y otra vez en sus diagnósticos.

Trump es un narcisista, todo el mundo lo sabe, él lo sabe y no lo esconde y por esa autenticidad, congruencia y coherencia le ha ganado la batalla a los demócratas, a los grupos de poder y a la prensa.

Hillary Clinton es una narcisista, todo el mundo lo sabe, ella pretende que no lo es y que se preocupa de otros cuando en realidad cada uno de sus actos manifiestan lo contrario, por eso ha fracasado aun con la prensa de su parte apabullando a Trump, haciendo circular fake news, teorías conspirativas surrealistas etc y a pesar de lo que indicaban las encuestas. Triste pero ese es el nivel del periodismo mundial en la actualidad.

Donald Trump ha ganado porque su realidad es la más dominante, no la mejor ni la más exacta, pero sí la más dominante del panorama político norteamericano.

No sé vosotros pero si yo me tuviera que someter a una cirujía de vida o muerte, elegiría al cirujano con los conocimientos más precisos aunque sus remedios fuesen más radicales que a otro que me dijera que no pasa nada, que sea positivo, que todo se va a poner bien y que no es necesaria siquiera una intervención.

Sirva esto de lección y espero que abra los ojos de mucha gente.

Incorpora la honestidad a tu vida poco a poco, saca carácter, exhibe tus defectos, muéstrate real, enfádate, no pretendas que tu vida es perfecta, mejora, reconoce que no estás donde quieres estar y lucha por lo que quieras, nadie te lo va a regalar, de verdad, nadie se preocupa por ti.

La gente empezará a respetarte más, lo notarás y ellos notarán que están delante de alguien de verdad, algunos te amarán por ello, muchos te odiarán, pero es el riesgo que hay que asumir.

Lo contrario de la autenticidad es la invisibilidad. A nadie de verdad le importa el discurso políticamente correcto. Que les jodan. Que sigan con sus películas. Hace tiempo que decidí apagar la televisión y vivir una vida de verdad.

 

Nos vemos,

 

David Salomé.

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